Capítulo 45. El mejor de los deseos
A Mateo le encantaban las palabras de su hijo, era un amor de niño con su abuela, ese era un lazo que muy difícilmente se rompería, era el más fuerte, quizás hasta más fuerte que el de padres a hijos. Y Mateo lo sabía muy bien.
–Hola, mi amor, buenos días – Mateo llenó de besos a su pequeño hijo – Claro hijo, bajemos a ver a la abuela suave y linda y al abuelo, para desayunar con ellos antes de irnos.
Ya con todo más ordenado en su cabeza, Mateo quería comenzar el día con ese ánimo que llevaba