—¿Cómo está Alex? —Minutos después de que saliera de la habitación del castaño, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, me encontré con Leo, quien se veía extremadamente preocupado por la condición de su mejor amigo.
Tanto mamá como papá se ponen en alerta ante la presencia del desconocido, pero unas leves palabras de Frank hacen que se tranquilicen y solo visualicen aquella escena.
—Tiene muchos golpes... —Intentaba explicarle, pero cada vez que abría la boca, mi voz se quebraba con de