Sentía que mi corazón saldría corriendo de mi pecho en un segundo. Mis manos temblaban, estaba sudando a mares y sentía que en cualquier momento me desmayaría, pero nada de eso me detuvo de pararme frente a mi padre, impidiendo que volviera a golpear a Alex.
No podía permitir algo así; esta vez, papá se había pasado de la raya.
—Olivia, quítate. —Rugía papá desde lo más profundo de su ser.
Todo su cuerpo subía y bajaba gracias a su respiración acelerada. Su rostro enrojecido me recordaba mucho