—¡Qué emoción, tía Aria! —exclamo abrazándola con alegría— ¿Cuándo podré verlo?
Ellos habían esperado tanto esta noticia. Ambos habían sufrido en silencio cuando recibieron la noticia de que la tía Aria no podía tener hijos y, a pesar de que fueron a los mejores especialistas, no lograron quedar embarazados. Todavía podía recordar sus expresiones llenas de tristeza y cómo Lucian y yo fuimos una especie de escape para ambos, pero sobre todo para la tía; ella era quien peor lo estaba pasando.
El