Su voz entrecortada resultaba agradable al oído y hacía que uno se sintiera a gusto.
Se colocó junto a Thea y la brisa marina le alborotó el largo cabello.
Maxine estiró sus delgados dedos para arreglarse el largo cabello castaño que el viento le alborotaba. Miró a lo lejos y suspiró. “Espero que no me tengas resentimiento”.
“No estoy resentida contigo”, respondió Thea con mucha calma y rostro inexpresivo.
Aunque no mostraba ninguna emoción, su tono era muy frío y sonaba muy distante.
“Ahh”