Thea sabía que los artistas marciales que habían llegado a la isla con ella tenían sus propios motivos y estaban buscando el botín del dragón.
No quería que se desatara una pelea.
Pensaba llevarlos a todos de vuelta a casa sanos y salvos.
Sin embargo, no podía hacer nada si las cosas iban más allá de su capacidad para manejarlas.
Thomas miró a Thea. Al ver su lamentable aspecto, sintió compasión por ella.
Él dejó escapar un suspiro. “Thea, sigues siendo demasiado ingenua. Dejando de lado a