87. Viejo, ¡tenemos que hacer algo!
Álvaro llevó a David a aquel café solitario que se había vuelto su sitio de reunión. El sitio no era especialmente bueno, pero la privacidad lo valía.
Se sentaron en la mesa más apartada, pidieron café y se quedaron en silencio mientras el mesero se alejaba. David quería desahogarse, contarle a alguien todas estas cosas que acosaban su mente y si bien confiaba en Álvaro, algo le hacía dudar. ¿Y si él estaba del lado de Natalia? La última vez se había mostrado de parte suya y de Sam, lo había a