El fuerte silbido del viento pasó a través de ellos mientras caían en la cueva. El terror se apoderó de sus gargantas.
Era un agujero sin fondo. ¿Morirían por la caída?
Después de unos diez segundos, finalmente llegaron al fondo de la cueva. Tuvieron suerte, considerando que habían caído en el charco de un pantano, amortiguando su caída.
Sin embargo, la mitad del impacto fue suficiente para que pudieran ver las estrellas. Casi les había dado la vuelta por dentro.
Chester fue el primero en tr