SEBASTIAN
—Dime otra vez por qué estamos haciendo esto.
No levanto la vista, porque si lo miro ahora mismo, podría reconsiderar la idea entera. Alexander, incluso con su personalidad ruda, tiene días vulnerables como este en los que se pone innecesariamente nervioso por el lanzamiento.
—¿Y por "estamos" te refieres a que tú te beneficias masivamente de mi genio? —respondo.
Alexander se reclina en la silla frente a mí, con un brazo apoyado perezosamente sobre el costado como si fuera el dueño de