EVELESSA
—Odio este lugar.
—Dices eso como si no hubieras sido tú quien me arrastró hasta aquí.
—No te arrastré —responde Aretha—. Te invité.
—Eso no fue una invitación —murmura Alexis a mi lado, mirando las luces parpadeantes como si la hubieran ofendido personalmente—. Eso fue una amenaza disfrazada de entusiasmo.
No digo nada. Solo me quedo ahí, en medio de la discoteca. Luces parpadeando. Música atronadora. Cuerpos moviéndose. La energía es densa. Y lo siento. Ojos. Tantos ojos. Observando