EVELESSA
—Aretha, me siento tan diferente, tan adulta.
—Hemos llegado muy lejos, Evelessa.
Sé cuándo algo anda mal conmigo. Algo está muy, muy mal. Comienza sutilmente. Un latido perdido en mi pulso. Un retraso en mi reflejo. Una sensación de estar siendo observada desde el interior. Estoy sola en mi habitación. La puerta está cerrada con llave. Las cortinas echadas. El silencio es espeso. Debería sentirse seguro. No es así.
Camino hacia el espejo. Me detengo frente a él. Me miro. Ojos plateado