EVELESSA
—¡Otra vez desde el principio! —grita el coreógrafo.
No respondo. No lo necesito. Mi cuerpo ya lo sabe. Ya se mueve. Ya sigue el ritmo. Porque ¿esto? Este es el único lugar donde no tengo que pensar. Sin guerra. Sin sombras. Sin juegos de poder. Sin expectativas. Solo movimiento. Solo ritmo. Solo yo.
Mis pies se deslizan por el suelo. Precisos. Afilados. Controlados. Cada giro es intencional. Cada paso, exacto. Cada respiración, cronometrada. Porque la danza no es solo arte. Es discip