ALEXIS
—Sí, sí, te escucho Alexander. Tendré cuidado, ahora sal de mi teléfono.
El hogar debería sentirse seguro. Eso es lo que dice la gente. Eso es lo que creen. Luces cálidas. Puertas cerradas. Paredes familiares. Seguridad. Yo nunca he sido una de esas personas. Porque la seguridad es una ilusión. Una mentira frágil y bonita que la gente se cuenta a sí misma para poder dormir por la noche. ¿Y yo? Yo no duermo sobre mentiras. Vivo en la verdad. Por eso, en el segundo en que entro en la casa