Roberto observó cómo las mujeres subían al bote, sintiendo un atisbo de arrepentimiento por no haber podido interactuar con la encantadora dama. No fue hasta que un sirviente tiró de su manga y le recordó: "Conde, el general nos está esperando en el bote..." que salió de su ensueño. Con un cambio repentino de actitud, sonrió y aceleró el paso hacia el gran bote preparado para la familia del conde.
El paisaje del lago era tan impresionante que provocaba exclamaciones de alegría. El agua clara y