Cuando retrocedió con la mano sobre su boca, preparándose para avanzar con los ojos cerrados, la puerta explotó repentinamente con violencia, como si alguien la hubiera pateado desde afuera. Junto con la puerta entró una figura.
La persona que entró no era otra que Lucio, quien estaba tan ocupado esa noche que ni siquiera había tenido tiempo de regresar a casa a cenar. Sin importarle los detalles, al ver la figura solitaria acurrucada bajo las mantas, aflojó un poco el puño apretado. Aunque la