Aunque fuera de día, la habitación seguía oscura con las puertas y ventanas cerradas. Se encendieron varias velas para iluminar. Dentro, la habitación resonaba con los sonidos de gemidos dolorosos, lo que provocaba que José, que estaba afuera, se sintiera cada vez más inquieto. Había omitido las comidas desde el mediodía hasta ahora. Los sonidos desde adentro se debilitaban, y mientras José observaba cómo los sirvientes vertían una vasija tras otra de sangre con agua, su corazón se encogía.
Sin