Me despierto esta mañana con un dolor de cabeza mortal por todo el llanto. Camino al baño para hacer mi rutina matutina. Cuando he terminado de ducharme, me paro frente al espejo para mirar mi reflejo. Parezco carne muerta. Me digo a mí misma que debo dejar de llorar todos los días por ese imbécil. Él no es digno de mis lágrimas. Tengo que demostrarle que no puede controlar mi vida. Tengo que ser muy fuerte. Si no, él sabrá que está llegando a afectarme. Tengo que demostrar que está equivocado.