Ricardo suspiró de nuevo y dijo desde detrás de la puerta: —Mamá, tengo una junta. Mejor regresa a casa por ahora.
—Ah, está bien. No te canses demasiado en el trabajo. Me voy entonces.
Ana siempre evitaba interrumpir su trabajo, y aunque tenía mucho en mente, optaba por soportarlo en silencio.
Una vez que su madre se marchó, Ricardo regresó a la sala de estar en el primer piso. Julio lo vio y se acercó de inmediato para informar: —Jefe, ya se llevaron a la señora.
—Ya veo.
Recostado en el sofá,