—¡Toma esto, poste con patas!—le grito al moreno al mismo tiempo que tomo entre mis manos otro puñado de spaguetti con extra de salsa pero fue mucho más rápido que yo y se se agachó para que la pasta no cubriera su rostro.
A cambio de eso bañé de salsa a una pobre señora que estaba allí tranquilamente comiéndose una dona.
La señora nos mira con enojo y se levanta de la mesa y se retira del lugar. Creí que haría algún problema pero en realidad solamente tomó sus cosas y se fue. Que extraño, ¿n