Théo
La sala del trono parece haberse sumido en una densa neblina de confusión. Las palabras de Evadne resuenan en el aire, pero la verdad es como una sustancia escurridiza que se me escapa entre los dedos. Aun así, quiero creerla, quiero aferrarme a la esperanza de que mi esposa no haya sucumbido al odio por su hermana y a la locura misma por negar una realidad que parece más sólida cada vez que tratamos de contradecirla.
—Théo, debes creerme. No sé… no sé qué hizo, pero ella está mintiendo —i