Evadne
Las horas pasan, y yo no puedo dejar de estar inquieta. Thalia ya me ha traído dos tés para tranquilizarme. El dolor de cabeza no me abandona y los malestares del embarazo, tampoco. La cama me parece incómoda y estar de pie hace que mis pies se hinchen como dos pelotas.
Termino por tomar asiento en una de las sillas del trono, que son suficientemente cómodas para mi derrier y al menos, alivia la inflamación en mis piernas.
—¿Disfrutas estar sentada en el trono? Deberías apreciar estos m