Evadne
Théo aprieta los labios con furia, su agarre en mis brazos no disminuye. Las llamas de la tensión arden en su mirada, pero algo en sus ojos delata un atisbo de incredulidad.
—¿Qué has hecho qué? —inquiere Théo, sus dedos aprietan con más fuerza mi piel. Nuestras miradas chocan en una batalla silenciosa, y puedo sentir cómo la revelación apaga gradualmente la chispa de deseo en sus ojos.
Hubiera preferido mantener en secreto mi maniobra, pero la urgencia de frenar lo inevitable me obligó