La oscuridad la envolvió por completo.
Virginia no supo cuánto tiempo pasó. No hubo sueños, no hubo paz. Solo una sensación lejana de frío, de vacío… y luego, algo más fuerte: un dolor profundo que la ancló de nuevo al mundo.
Despertó con dificultad.
El aire era distinto. Húmedo. Pesado. Cada respiración le ardía en el pecho. Intentó moverse y un gemido escapó de sus labios. Su cuerpo estaba magullado, débil, pero seguía allí. Viva.
Abrió los ojos apenas un instante y vio sombras, ramas, ci