El departamento estaba en silencio cuando Virginia cerró la puerta tras de sí.
Demasiado silencio.
Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que había estado conteniendo desde que bajó del auto de Alejandro. Sus piernas temblaban. No sabía si por el cansancio, el miedo… o la certeza de que acababa de cruzar una línea imposible de desandar.
Se quitó los zapatos y caminó despacio hacia la sala. La luz estaba encendida.
—¿Virginia? —la voz de Lili salió desde la cocina, cargada