Mientras tanto, Alma criaba a la pequeña, a quien había llamado Isabella.
Virginia, por su parte, estaba decidida a luchar por su hija, a recuperarla como fuera.
Pero sabía que no podía hacerlo en su situación.
No tenía dinero, no tenía poder. Rodrigo la destruiría sin pensarlo dos veces. Y aun así, su amor de madre era más fuerte que el miedo.
Con el corazón desgarrado, tomó una decisión.
Se despidió del matrimonio que le había salvado la vida. Les agradeció con el alma en la mano, con p