Mia
Aquella noche me tumbé en mi cama grande y suave después de la salvaje paliza y la follada que me dio Víctor en el sofá. El cuerpo todavía me dolía de la mejor manera y el coño me quedaba un poco pegajoso de su semen. La casa estaba en un silencio total, pero mi mente no dejaba de pensar en él. Recordaba una y otra vez cómo sus manos fuertes me habían puesto el culo rojo a golpes y cómo su polla gruesa me había estirado hasta llenarme por completo mientras me embestía con fuerza. Se me endu