Mia
Volví a entrar en la gran casa elegante sintiéndome rara y emocionada al mismo tiempo. Los techos altos y los suelos brillantes se veían igual que antes, pero ahora todo pesaba porque mamá estaba muerta y se había ido para siempre. Tenía veinticuatro años y tuve que mudarme de nuevo con mi padrastro Víctor, que tenía cuarenta y dos y siempre se comportaba tan frío y estricto. El corazón me latía con fuerza mientras subía las maletas por las escaleras hacia mi antigua habitación. El olor de