MayaCuando llegó la mañana siguiente, decidimos ducharnos juntos. El baño se llenó de vapor espeso mientras el agua caliente caía desde la alcachofa. Podía sentir el calor en mi piel, haciendo que mis pezones se endurecieran y mi coño palpitara ya. Daniel estaba detrás de mí, sus grandes manos agarrándome las caderas y tirándome contra su pecho. Su polla presionaba con fuerza contra mi culo, resbaladiza por el agua y el precum.—Date la vuelta, cariño —susurró, con la voz baja y áspera contra mi oído—. Déjame ver esa cara bonita.Obedecí, girándome hasta quedar frente a él, con el agua goteando de mi pelo sobre sus hombros. Me agarró la barbilla, obligándome a mirarlo. Sus ojos estaban oscuros, hambrientos.—Te ves tan bien mojada —dijo, rozando mi labio inferior con el pulgar—. Abre la boca para mí.La abrí y él deslizó el pulgar dentro, frotándolo sobre mi lengua. Chupé, saboreando el agua salada y su piel. Él gruñó, mientras su otra mano bajaba para ahuecar mi pecho, apretándolo c
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