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Menkat se sentía como si las paredes del palacio se le vinieran encima. La sala de audiencias, antes el escenario de su poder, ahora era el de su humillación. Las palabras del visir Paser, "Tú eres un príncipe, y no tienes honor", resonaban en su mente como una campana de bronce. El Faraón Amonhoteph, su propio tío, lo había mirado con una desconfianza que lo había helado hasta los huesos.
Caminó por los pasillos, con la furia hirviéndole en las venas. Los sirvientes se apartaban de su camin