Mundo ficciónIniciar sesión—¡Ataquen! ¡Ataquen con la furia de los dioses! ¡No se detengan! ¡No duden! ¡Que cada uno de ustedes sea una lanza en el corazón del ejército del Faraón! ¡Que vuestra sangre sea el último sacrificio!
Los ojos de los soldados y fanáticos que escuchaban se llenaron de desesperación, algunos con horror, otros con una macabra aceptación. La orden era una sentencia de muerte. Un ataque suicida. Pero la autoridad de Imhotep, incluso en su locura, aún ejercía un poder inmenso sobre ellos. —¡Por Amón! —gritó un fanático, levantando su espada mellada. —¡Por la purificación! —rugieron otros, empujados por la furia de su líder. Nakht, con una mueca de desesperación, pero resignado, asintió. —Como ordene, mi señor. Por última vez. El General, seguido por los pocos soldados leales y los fanáticos más devotos, se lanzó a la carga, una masa desesperada que se abalanzó sobre las filas del e






