Mundo ficciónIniciar sesiónAhmose cayó de rodillas por un instante, el impacto de la hacha le rozó el hombro. Un golpe que pudo ser mortal. La bestia se abalanzó. El hacha de Nakht se alzó para el golpe final.
Pero Ahmose no estaba vencido. Con una reacción desesperada, digna de su reputación, rodó sobre sí mismo, evitando el golpe. Se levantó de un salto, con su espada alzada. Había encontrado la apertura. El General, confiado en su golpe mortal, había expuesto su flanco. Ahmose no dudó. Su espada se movió con la velocidad de un rayo, una estocada precisa y brutal. No buscó la armadura, sino la carne viva. La hoja se hundió profundamente en la ingle de Nakht, buscando la arteria femoral, un punto vulnerable que pocos esperaban en el campo de batalla. El rugido de Nakht se ahogó en un gorgoteo. Sus ojos que habían brillado con locura se abrieron desmesuradamente llenos de sorpresa y un dolor insoportable. El hacha se le cayó de las manos, golpeando la arena c






