Capitulo 133

En una estancia sombría en los niveles inferiores del palacio el aire en la pequeña cámara de interrogatorios era frío y denso. No había ventanas, solo una única lámpara de aceite sobre una mesa de madera tosca. En el centro, una silla de madera. Atada a ella, con las muñecas y los tobillos ceñidos por tiras de cuero, Kamilah se encogía. Su rostro estaba descompuesto, cubierto de sudor y lágrimas. El terror la había despojado de su disfraz.

Frente a ella, Serket se sentó en u
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