13.
—Hechicera… ¿Qué haces aquí? —Con una sorpresa, hasta cierto punto hipócrita, el príncipe reaccionó a su encuentro. Simplemente parecía un tierno cordero frente a la voraz loba que no tardaría en empezar atacar.
—¿Qué estás haciendo? —La voz de la hechicera salía apenas en un susurro, lo suficiente para que el príncipe pudiera escucharla.
—No sé de qué estás hablando. —En verdad el príncipe parecía confundido, como si fuera una persona totalmente distinta a aquel chico que la buscó ese día en