El hospital se sentía como una prisión de cristal. A pesar del éxito de la cirugía de Leo, la atmósfera estaba cargada de una sospecha que no me permitía respirar. Alexander se había marchado, pero su presencia permanecía en cada guardia de seguridad apostado en los pasillos y en cada enfermera que me miraba con una mezcla de reverencia y curiosidad. Era la nueva señora Volkov, la mujer que había surgido de la nada para reclamar el trono junto al Rey de Hielo. Pero yo me sentía como un fraude,