Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido de los motores del jet privado era el único sonido que llenaba la cabina mientras dejábamos atrás la isla de las sombras. Abajo, el Caribe se extendía como una sábana de turquesa que pronto daría paso al gris cemento de la ciudad. A mi lado, Alexander revisaba informes en su tableta, pero su mano izquierda no soltaba la mía. Sus dedos acariciaban inconscientemente el anillo de oro de su madre que ahora brillab







