NARRADO POR EZRA VARDAN
Llamé a mi madre a la mañana siguiente, todavía con el peso de la noche anterior instalado en el cuerpo, pero consciente de que postergar esa conversación un día más solo serviría para acumular más tensión sobre algo que ya no podíamos seguir ignorando. Victoria contestó al segundo tono, con una voz que sonaba, para mi sorpresa, mucho más cautelosa que la fría seguridad que solía caracterizarla en cada llamada anterior.
—Ezra —dijo, sin ningún preámbulo— Pensé que ibas a