NARRADO POR EZRA VARDAN
Salimos del aeropuerto con el reloj corriendo en mi cabeza de una forma que no lograba calmar del todo, calculando una y otra vez las variables de un cronograma que se sentía cada vez más imposible de sostener. Fue mi asistente ejecutiva quien, apenas subimos al auto, me devolvió parte de la calma que necesitaba.
—Señor Vardan, logramos correr la recepción oficial para esta tarde —dijo, con la voz agitada del otro lado de la línea— El equipo de relaciones públicas reorga