NARRADO POR EZRA VARDAN
Sentí cómo la frase de Cristhian se quedaba suspendida en el aire, incompleta, justo en el instante exacto en que más necesitaba escuchar el resto. El golpe en la puerta se repitió, esta vez acompañado de la voz del alguacil, más firme que antes.
—Señor Vardan, tienen que entrar ya. El juez no va a esperar más.
—Cristhian —dije, girándome hacia él con una urgencia que ya no intentaba disimular— ¿qué documentos? Terminá la frase.
Cristhian negó con la cabeza, y por primer