Solan,desconcertado y molesto, azotó nuevamente la puerta de la que era su habitación. Se estaba volviendo una fea costumbre arremeter contra lo que se pusiera en frente. Pero no podía evitar querer golpear algo, lo que fuera que encontrara y le ayudara a bajar la furia que recorría su sangre como veneno ardiente. Algo le escondía ese maldito y él iba a averiguar qué era. Sacudió el cabello con sus dedos y lo agarró en una coleta,en un rincón había una botella de vino abandonada sin más. Iba a