Dos meses después
Olivia Bennett
Se echa la última palada de tierra bajo el ataúd de mi abuela. El tío Marcos y yo escuchamos las últimas palabras del sacerdote, pero no creo que ninguno de los dos preste atención. Ambos estamos sumidos en la tristeza, sabiendo que dejamos a otro querido miembro de nuestra familia allí, en el mismo lugar donde están enterrados mi abuelo, mis padres y mi hermano. Hace un año, nunca había sentido en carne propia el dolor de perder a alguien. Cuando falleció mi abuelo, era muy pequeña y apenas lo recuerdo. Hoy, después de tantas pérdidas, me pregunto cómo no se han secado mis lágrimas y si algún día desaparecerá este vacío persistente dentro de mí.
La gente pasa a nuestro lado, ofreciendo sus condolencias. Apenas veo sus rostros y solo respondo con un gracias automático.
Al final, solo quedamos el tío Marcos y yo con nuestras rosas en las manos. Nos miramos y las arrojamos sobre la tumba donde ahora descansa toda nuestra familia. Olivia: "Siempre los ama