Olivia Bennett
Despierto sintiendo una deliciosa caricia en mi espalda desnuda, y se me erizan los pelos con el suave roce.
Estoy tumbada boca abajo, abro los ojos y me giro hacia Alex, viendo esos ojos azul zafiro como mi primera visión al despertar.
Alex me dedica una sonrisa sensual y me acerca más, haciendo que mis pechos rocen el suyo. La sensación de nuestra piel rozándose me produce un agradable cosquilleo, y sé que él siente lo mismo porque me abraza, apretando sus labios contra mi cuello y respirando profundamente.
Siento su miembro duro rozar mi muslo, y es imposible controlar el lago que se forma en mi espacio íntimo.
Alex: ¿Estás muy dolorido?
Olivia: No, ese ungüento me ayudó mucho.
Alex: Genial, porque aún no he tenido suficiente de ti, y no creo que lo haga nunca.
Olivia: Yo tampoco.
Respondo con una sonrisa tímida. Me jala hacia abajo, haciéndome tumbarme encima, y en ese momento no hay una sola parte de nuestros cuerpos que no se toque, y es maravilloso sentir el horm