Kate apenas podía contener los gemidos salían de sus labios.
Estaba en una posición bastante desfavorecedora para ella, sobre todo porque no podía moverse en absoluto. No solo por su posición, sino por la mano sobre su espalda y la otra que además de jugar con las perlitas incorporadas en la braga, si a eso se le podía llamar así, colaba sus dedos dentro del agujero de su sexo estirándolo a conveniencia.
Y no era que eso lo molestase, sino se preparaba, después de tanto tiempo sin meter nada de