Mientras tanto, en la ante oficina de Lorenzo, Leonardo le había pedido un café a Karina, y con la excusa de que olvidó decirle algo a sus socios y que no quería interrumpir una reunión casi familiar, le dijo a la bella secretaria que los iba a esperar allí.
Se acomodó en el sillón y cuando ella se inclinó, para servirle el café, Leonardo se incorporó un poco y ellos quedaron muy juntos.
-Perdón, señor.
Balbuceo Karina.
Estaba realmente ruborizada, pensando que Leonardo podría malinterpretar ese