-¿Subimos ahora?
Preguntó Luisa, la mucama que había decidido crearle problemas.
-Gracias, por el momento no es necesario, los pequeños están con su padre.
-¿Dejó a los niños con el señor?
Le preguntó de mala manera.
Edith solía tener paciencia.
-Los dejé con su padre, permiso.
A la mayoría del personal les seguía asombrando cómo la nueva novia del señor se dirigía a ellas.
-Es una mosquita muerta.
Comentó Luisa.
Uno de los custodios la escuchó y se apuró a llamarle la atención.
-¿Estás loca? ¿