En casa, la memoria del beso no me deja dormir. Doy vueltas en mi cama hasta que a las cinco me rindo. El sueño ya no vendrá. Me levanto y me pongo a limpiar y a organizar la casa. Barro, limpio y ordeno todo lo que me encuentro por el camino. Cualquier cosa con tal de no pensar. Quizás si me canso luego pueda dormir mejor.
Paso el resto del fin de semana atacando una lista de pendientes sin fin. Nada diferente de lo que hace cualquier docente en su tiempo libre: calificar, preparar material, p