41| En casa.
Esther apretó los puños cuando vio la mirada penetrante que se dedicaron Leonel y Dorian, una guerra potente unida por un lazo de profundo rencor y odio.
Era la primera vez que Esther los veía a ambos en un mismo lugar y no pudo reconocer al hombre que estaba sentado a su lado. Había algo ahí, un dolor y un rencor que no solo tenían que ver con la Transportes Luna, era algo más allá.
— Leonel, vámonos — le dijo ella, pero él no la escuchó, era como un toro enceguecido por la rabia que apretó el