Nicolás se quedó sentado en aquella fría habitación, con la voz de Helena resonando en su cabeza. La confirmación de que estaba viva lo había llenado de una mezcla de alivio y rabia contenida. Sin embargo, sabía que cualquier paso en falso significaría no solo perderla a ella sino perderse a sí mismo en un mundo del que ya no podría escapar. Se levantó lentamente, con una calma calculada, y salió hacia el despacho donde los líderes de las sombras se habían reunido.
En cuanto entró, notó cómo la