Verdades

Maximiliano arqueo una ceja, y sonrió, estaba tan herido que no le importaba absolutamente nada.

—Te advierto que si intentas meterme ideas en mi cabeza lamento decirte que no pienso escuchar lo que dices. Alan me ama, siempre me lo ha demostrado, y mi hija siempre ha sido un estorbo en mi vida, desde pequeña me ha hecho la vida imposible, así que no confundas las cosas —exclamó Amelia.

—¡Hay Amelita!, que equivocada estás, definitivamente eres un ilusa, ¿Me imagino que no sabías que tú hijita
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