El ambiente en el avión privado de la familia Rossi estaba pesado, denso, casi asfixiante, el zumbido constante de los motores no alcanzaba a tapar la tensión, los suspiros contenidos, los pensamientos oscuros que cada uno intentaba ocultar, aun así, todo estaba a la vista.
Amir tenía la mandíbula tan apretada que le dolía; el diablo de Italia, el hombre al que medio mundo temía, sentía por primera vez en mucho tiempo que el tablero se le escapaba de las manos.
Luc.
Su nombre atravesaba la ment