Capítulo 56
Afuera, los aullidos de los lobos se volvieron más intensos. La tensión dentro de la casa era palpable. Vlad seguía mirando por la ventana cuando un sonido diferente cortó el silencio de la noche. Ruidos graves de motores y el tropel de cascos mezclados con pasos pesados.
Adrian sonrió de lado, con los ojos brillando de satisfacción sombría.
— Han llegado.
Elena lo miró con curiosidad:
— ¿La tropa que convocaste?
— Sí. — Adrian caminó hasta la gran ventana lateral del despacho. — No